El guardián de las alturas: En busca del Colibrí Cabecicastaño en el Cañón del Combeima

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Ornel P. Serpa

14/06/2026

La biogeografía de los Andes centrales de Colombia se distingue por un fenómeno de aislamiento evolutivo que ha propiciado el desarrollo de especies únicas en el mundo. En el Cañón del Combeima, la presencia de barreras geográficas naturales y la diversidad climática han convertido a la cuenca en un laboratorio evolutivo. Sin embargo, la divulgación de estas riquezas biológicas a menudo enfrenta imprecisiones debido a las superposiciones de nombres comunes en la avifauna local. Un ejemplo patente es la denominación sugerida de "colibrí cabeciazul" (Hylocharis grayi), una especie de vistosa cabeza azulada que transita las zonas de menor elevación del cañón; no obstante, el verdadero baluarte del endemismo estricto en la región es el colibrí cabecicastaño del Tolima o colibrí florido del Tolima (Anthocephala berlepschi).

Originalmente clasificado como una subespecie de Anthocephala floriceps (junto con la población endémica de la Sierra Nevada de Santa Marta), estudios genéticos y morfológicos determinaron que Anthocephala berlepschi es una especie monotípica plenamente diferenciada. Este pequeño troquílido, de aproximadamente 8.4 cm a 10 cm de longitud, se caracteriza por poseer un pico negro y recto de proporciones cortas. El macho adulto exhibe una corona de color castaño rojizo rufo, una frente de tonalidad blancuzco-crema, partes superiores de color verde brillante y partes inferiores de matiz ante grisáceo. La hembra, por su parte, presenta una corona de coloración marrón menos llamativa, consistente con las estrategias de camuflaje necesarias para la incubación de su nidada.

La relevancia ecológica de este colibrí en el ecosistema del Cañón del Combeima radica en su especializado nicho alimenticio y en su comportamiento reproductivo. Las observaciones de campo sistemáticas efectuadas en reservas locales como el Ukuku Rural Lodge, ubicado a una altitud de 1890 m sobre el nivel del mar, revelan que no defiende territorios de alimentación de forma agresiva frente a otros colibríes. Por el contrario, se comporta como una especie "sin fronteras" o trapliner, trazando rutas recurrentes y ordenadas de forrajeo entre parches florales dispersos en el sotobosque húmedo. Sus fuentes primarias de néctar incluyen plantas vasculares de gran importancia ecológica como la mermelada (Streptosolen jamesonii), el corazón de pollo (Iochroma gesnerioides), la verbena morada y rosada (Stachytarpheta cayanensis) y la especie invasora naturalizada ojo de poeta (Thunbergia alata).

Adicionalmente, el canto de los machos, descrito acústicamente como una serie prolongada de notas repetitivas tipo "tsip", se produce en estructuras de agregación social denominadas leks ubicadas bajo el dosel cerrado, donde compiten acústicamente para atraer a las hembras.

Actualmente, el colibrí cabecicastaño está catalogado como Vulnerable (VU) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su población global se encuentra en decadencia y se estima en menos de 4500 individuos maduros. Esta alarmante tendencia responde a la degradación de su hábitat debido a la tala de bosques primarios y secundarios viejos para el establecimiento de monocultivos agrícolas. Por ello, el Cañón del Combeima constituye un refugio de supervivencia crítico para evitar la extinción de este polinizador evolutivamente irreemplazable. Conoce la ficha del colibrí cabecicastaño aqui.